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martes, noviembre 23

Era temprano, las 11.15 de la mañana.
Un ataque de nostalgia recorrió sus entrañas, se acordó de que las mañanas de hace algunos años no eran así, solitarias y frías, sino,que eran alegres y llenas de dulces carcajadas, en una habitación cuadrada,con muchas mesas, y alguna que otra miga por el suelo. Recordaba ese olor a mandarinas tan característico del invierno, el olor a libro nuevo y a rotulador permanente.
Echaba de menos el ticoteo del reloj, que muy pocas veces se oía, aunque sobre todo, lo que más extrañaba eran los detalles, aquellos detalles que hacían todo tan especial, un lacito, o si había suerte, un macarrón.

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